sábado, 16 de noviembre de 2013

Veoveo 6*, un encuentro


"Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la tierra, 
la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. 
Ciertamente hay en ello signos para los que saben.
Y entre Sus signos está vuestro sueño, de noche o de día,
 vuestra solicitud en recibir Su favor.
 Ciertamente, hay en ello signos para gente que oye.
Y entre Sus signos está el haceros ver el relámpago, 
motivo de temor y de anhelo,
 y el hacer bajar agua del cielo,
 vivificando con ella la tierra después de muerta.
 Ciertamente, hay en ello signos para gente que razona"
Corán 30; 22-24

Todo está vivo y todo se apasiona. Todo se convoca. Las cosas que vemos y las que no, tienen sus acoplamientos, sus yacencias amorosas, sus choques parsimoniosos, sus arrimarses desordenados, sus colisiones violentas, sus encuentros intempestivos. Todo confluye a la unión, a la congregación, porque todo está sujeto aunque más no sea a un caos.
La lluvia al encontrarse con el pasto le extrae el verde, la hierba, al cruzarse con la lluvia vuelve el aire gris, pespunteado aquí y allá por misteriosos círculos de luces. Las gotas, sobre el mosquitero metálico de mi ventana, se convierten en estrellas.
Todo está cercano, y lo más próximo, lo más hermanado a la vida, es la muerte.
Un insecto, una bacteria incorrectamente adjetivada como desafortunada, una pulpa roja que deja de pulsar anuncian una despedida, que es el mayor acto de amor del mundo, el momento de mayor intensidad, el verdadero encuentro.
No se encuentra lo que está ni lo que no está. Encontrar es una acción rara, emparentada con perder y con descubrir, con hallar y con estar, con quedar y con buscar. No tiene un carácter específico, encontrar no es ni bueno ni malo, su moral depende de lo que se encuentre. A diferencia del que busca, encontrar es una acción un tanto pasiva, o mejor dicho, involuntaria.  Pero el encontrador (curioso que no tengamos palabra para designarlo, como si ninguna subjetividad estable pudiera conformarse en torno a ese hacer, como si nadie pudiera decir “yo encuentro” y sólo fuera posible el “soy encontrado”) siente al hallar una felicidad que es producto del azar, no del sacrificio como el buscador o el explorador. No presiente nada, simplemente se topa con algo. ¡Eureka! La alegría de lo inesperado convierte al objeto en un tesoro, a la situación en un destino, a una persona en la elegida. Azar es un nombre muy bello para referirse a la incapacidad de comprender una fuerza que rige el mundo.
Ese azar (tal vez parte de la belleza de la palabra esté en su reverberancia sonora con los aromas y las flores) deja sus pistas regadas sobre la piel del planeta. Nos rodea es un libro lleno de signos, de posibilidades de encontrar sentidos, de lazos. Nos circundan y nos habitan estelas de tesoros invisibles.
La maravilla es el corazón del secreto, una de las llaves del vínculo. Por eso los niños son más felices, porque viven con los ojos abiertos. Todo lo que se encuentra es maravilloso, todo hallazgo es una lámpara que encierra un gigante. La maravilla despierta el ansia, y el ansia es el ardor por el agua con la que se colma. En esa cópula hay una puerta, un camino a algo que antes no teníamos. Las abejas construyen sus panales comenzando de lados opuestos, pero al llegar al centro, las celdas coinciden. Las mariposas eligen un día para congregarse en un desfile incomprensible. Nuestros ojos, dedos, voces, iris, son increíblemente diferentes, irrepetibles, por más que se quiera mancillar la belleza de la diversidad para oscuros propósitos policiales.
Una pequeña llama se enciende en el pecho como encontrando algo cada vez que una estrella fugaz alumbra el cielo.

Este artículo es parte de un juego creativo que se llama "Veo Veo"Veo Veo de Facebook. Todos pueden participar. 
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9 comentarios:

  1. Sabes, me encantó cómo abordaste el "encuentro" de una forma global. Desde la naturaleza hasta las proyecciones personales. Me toca cómo lo plasmas. Pude ver hermosas fotografías! Qué gran escrito. Cómo dicen por acá, es tan transparente. Sin pelos en la lengua jaja ;)

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    1. ¡Muchas gracias Deana! La literatura también produce encuentros, en este caso entre los textos y sus lectores. ¡Gracias por estar ahí!

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  2. A diferencia del que busca, encontrar es una acción un tanto pasiva, o mejor dicho, involuntaria. Pero el encontrador (curioso que no tengamos palabra para designarlo, como si ninguna subjetividad estable pudiera conformarse en torno a ese hacer, como si nadie pudiera decir “yo encuentro” y sólo fuera posible el “soy encontrado”) siente al hallar una felicidad que es producto del azar, no del sacrificio como el buscador o el explorador. No presiente nada, simplemente se topa con algo. ¡Eureka!

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  3. Leerte me da vergüenza conmigo misma porque mi vocabulario es tan acortado ¡qué envidia (sana)! Cada vez que te leo necesito un diccionario al lado y me recuerda que tengo que leer más. Es apasionante cómo escribís y te admiro muchísimo, quisiera poder hacerlo de esa forma.
    Respecto al veo veo en sí, me llevaste por todos lados. Y me encantó (como a Nat) cómo describiste al "encontrador", y cómo definiste al que busca y al que explora. Hermoso.

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    1. ¡No Titín! No tengas vergüenza, y no hay nada que envidiar tampoco, siempre tenemos palabras nuevas que aprender y es hermoso cuando esa palabra va unida a una cosa, a una idea nueva. Entonces no es solo un sonido distinto para algo conocido, sino algo verdaderamente nuevo, una parte nueva del mundo que incorporamos.¡Muchas gracias por leer y por tus hermosas palabras!

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