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miércoles, 15 de enero de 2014

Veoveo* Una canción


“A punk song will never change the world
but I can tell you about a couple that changed me”
Wingnut Dishwashers Union

Una canción. Una canción que escribí y canté el año pasado. Y esta. Su glosa.
Ya no quedan amigos para prender el mundo fuego. Las personas, como las plantas, nos polinizamos. Necesitamos sol, agua, aire y a veces no nos gustan los trasplantes.  Pero nos conectamos, unos con otros, por medio de cosas aladas que nos traen mensajes que nos fecundan.  Cuando crecemos perdemos la confianza en la amistad y nos vamos cerrando a las mismas ideas, a los mismos rostros y tonos. Los pensamientos nos vienen desde los libros, no desde voces reales, de intercambios genuinos. Y quizás por eso no prenden. Poco a poco, nos vamos marchitando. Como en el mundo de los antiguos griegos, pensar es una acción que sucede en el diálogo, en presencia de otro, cuando en nuestra tierra la semilla del pensar ajeno se inquieta, se retuerce, se agita, brota. Sorprenderse de alguien, buscar su compañía, tener tiempo de escuchar sin la necesidad de llegar a ningún lado, eso va desapareciendo. La gente crece para volverse árbol, para hacerse sola, para crecer en raíces y crear genealogías. Y el amor gratuito y libre de la amistad con su arte pasa a segundo plano, se convierte en una red de contactos.

jueves, 10 de mayo de 2012

A de Abuela, A de Ablución

I
Cuando comencé primer grado, mi bisabuela dijo que ella no sabía leer. En verdad me dijo que había podido ir solo hasta tercer año en sus tiempos, y que mucho no recordaba. Los viernes por la tarde, cuando iba a su casa, me pedía que le enseñe su lección. Había comprado un cuaderno y unos lápices especiales. Los sacaba con orden, como repitiendo algún viejo ritual. Yo, que por las mañanas era alumna, ahora era maestra. Pero no era simplemente un juego, mi alumna era una persona grande y por ello todo estaba revestido de una seriedad exquisita.

martes, 17 de enero de 2012

Si estas sola, pequeña, no es por ti

          Una amiga dijo: "La gente de allí (el "interior" del país si tal cosa existe), es tonta. ¿Por qué no se unen, por qué no se organizan y luchan? ¿Por qué no hacen algo entre todos, para vivir mejor, comunitariamente?". Su respuesta señalaba que aquellxs otros no se daban cuenta, no veían (tan claro como lo hacíamos nosotros, resguardadas del calor del sol del verano dentro de un departamento en el centro de la ciudad) lo que les convenía, lo que debían hacer. Que en algún punto, aquellos otros eran ciegos, ciegas, a sus propias soluciones, que nosotras en su lugar lo haríamos mejor, aunque, claro está, nuestro sitio no era ese, era este dentro de una maraña de cubículos habitacionales cedidos a cambio de dinero, donde todo, incluso la basura que llenaba las calles, era orden.
La noche cayó y comenzamos nuestro camino a casa. El viaje duró más de una hora. Antes de dormir conversamos. Recordé una publicidad que había visto en el camino, desde el colectivo. Tres personas, una detrás de la otra, recostadas sobre su lado derecho en una playa. En esa posición, cada uno habría podido ver tan sólo la espalda de quien tenía delante, muy próximo físicamente. Pero no.